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TEMAS CENTRALES

  • Desde que se ajustó la pregunta para este ejercicio, la 4T tuvo la justificación perfecta para promover esta figura con un propósito muy distinto al sentido literal de la revocación.
  • La revocación fue, y…

Miguel Tirado Rasso / Sol Yucatán

Como propios y extraños lo habían vaticinado, en el resultado del proceso de revocación de mandato presidencial, primero en nuestra historia, no hubo sorpresas. La votación, a favor de que el presidente Andrés Manuel López Obrador siga en el cargo hasta terminar su mandato legal, fue abrumadoramente mayoritaria. 90 por ciento de quienes fueron a votar así lo expresaron. Algo ya calculado desde tiempo atrás, inclusive, desde antes que el aparato del Estado se volcara en una promoción, ilegal e inusitada, convocando a la participación ciudadana.

Sui generis como lo fue este ejercicio, la parte más preocupada por promoverlo y llevarlo a cabo fue, precisamente, la que podría resultar afectada por la revocación. De hecho, nunca hubo una exigencia popular espontánea para activar la revocación y aplicarla, precisamente, al caso de la presidencia del actual titular del Ejecutivo. Recordemos que la propuesta para su incorporación en nuestro sistema jurídico, tampoco provino de una demanda ciudadana, sino de un ofrecimiento político de campaña electoral.

Lo anterior, explicaría la división de opiniones que se generó sobre la participación o no en el ejercicio de este derecho ciudadano. Una figura novedosa, no conocida en nuestro medio político, tergiversada por una pregunta confusa que no prendió el interés para participar ni entre los mismos críticos de la 4T. De por sí, las circunstancias, resultaban muy desfavorables, ante la evidente popularidad del destinatario de la revocación.

En términos generales, este ejercicio de participación ciudadana no resultó muy motivante, aunque, en sí, la participación de 16 y medio millones de electores no es mala, tomando en consideración que, de antemano, se conocía el resultado. Del lado de quienes podrían haber estado buscando la revocación del mandatario, único y verdadero propósito de este proceso, hubo desánimo, expresado en su escasa asistencia a las urnas. Sólo el 6.4 por ciento de total de votos, poco más de un millón, votaron por la revocación. Eso sí, asistentes convencidos.

Como dijo el doctor en ciencia política de la Universidad de Notre Dame, David Altman, es de llamar la atención que, en un referéndum revocatorio, sea el mismo presidente -la persona que está siendo posiblemente revocada- la locomotora de esa instancia. Y bueno, aquí es en donde nuestro proceso de revocación se torció para convertirse en una ratificación de mandato, absolutamente innecesaria como contrapeso de la revocación, pero ciertamente muy conveniente para otros fines de estrategia político-electoral, con miras al futuro.

El aparato del Estado decidió ir por votos y, no precisamente, por riesgo de que la revocación les pudiera hacer pasar un mal rato. Desde que se ajustó la pregunta para este ejercicio, agregando la opción “que siga en la Presidencia de la República”, avalada por una SCJN cuyos vaivenes en sus resoluciones cada vez nos sorprenden más, la 4T tuvo la justificación perfecta para promover esta figura con un propósito muy distinto al sentido literal de la revocación. Una oportunidad para medir músculo y capacidad de movilización de simpatizantes para futuros eventos electorales y, desde luego, con la mira puesta en 2024.

Sólo así se entiende el desbordamiento oficial en la búsqueda de votos, a como diera lugar, inclusive con múltiples violaciones a la ley, lo que se hizo de una manera ostensible, poniendo a prueba la autoridad de los organismos electorales, el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Federal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Y quizás, si tomamos en cuenta la promoción por parte de funcionarios; el dispendio de recursos, de origen desconocido, en carteleras espectaculares, volantes, pendones, pintas en bardas; el acarreo de personas; los llamados a votar “para que siga”, en redes sociales, etc., los 15 millones de votos obtenidos por Morena no correspondan al esfuerzo desplegado ni, tal vez, a lo que se esperaba del dirigente de este partido, Mario Delgado que, una vez más, le queda a deber a la 4T.

Concluido este proceso, para la población nada cambió. Eso sí, el embate en contra de las autoridades electorales continuará, a pesar de que demostraron, una vez más, su capacidad y eficiencia en estos procesos. Algo que a la 4T no le interesa, porque está claro que, eso, y su autonomía, son un estorbo para sus planes futuros.

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