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Rafael Loret de Mola / Sol Yucatán *Tormenta o Tersura *Urgen Otros Cauces   No faltan quienes se felicitan porque la transición política, es decir la del poder...

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EPISTOLARIO

¿TEPJF BUSCA DE LA ANULACIÓN?

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  • Campañas tempranas
  • Verónica y Cecilia tras la gubernatura
  •  Cepredey cada sexenio

Por Alejandro A. Ruz

A casi un mes de las elecciones del 2 de junio, en las que Claudia Sheinbaum obtuvo una victoria rotunda en contra de Xóchitl Gálvez, aún no se le ha entregado la Constancia de Mayoría.

Este documento, esencial para oficializar su triunfo, debe ser expedido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Sin embargo, el proceso se ha visto retrasado debido a las impugnaciones presentadas por la candidata perdedora, Xóchitl Gálvez, y los líderes de los partidos de oposición, Alejandro Moreno del PRI, Marko Cortés del PAN y Jesús Zambrano del PRD, quienes alegan que hubo violaciones al proceso electoral.

Este retraso y las circunstancias que lo rodean invitan a un análisis crítico sobre la situación actual del sistema electoral mexicano y la credibilidad de las instituciones que lo administran.

En primer lugar, la postura del TEPJF al indicar que escuchará la opinión de representantes de instituciones académicas y expertos electorales para calificar la elección presidencial, plantea serias interrogantes.

¿Qué garantiza que estas instituciones y expertos sean verdaderamente imparciales?

En un país con una historia de desconfianza hacia las instituciones y los procesos electorales, esta medida podría ser vista como un intento de dilatar aún más el proceso o, peor aún, como una forma de manipulación política.

La preocupación aumenta cuando consideramos que muchas de estas organizaciones pueden recibir financiamiento de figuras opositoras a la administración actual. Esta posibilidad abre la puerta a cuestionamientos sobre la integridad del proceso y a la percepción de que la elección podría ser anulada.

Un escenario así no solo implicaría un enorme desgaste económico, sino que también podría desatar una crisis social.

El llamado «México Profundo» –las comunidades y sectores más marginados del país– podría sentirse traicionado y reaccionar de manera impredecible ante la anulación de una elección que consideran legítima.

Es imprescindible cuestionar si las acciones del TEPJF responden a un genuino interés por la justicia electoral o si están influenciadas por presiones políticas.

La democracia se fortalece cuando las instituciones actúan con transparencia y apego a la legalidad, no cuando se perciben como herramientas al servicio de intereses particulares.

En este sentido, el TEPJF debe actuar con claridad y asegurar que todas las decisiones se tomen basadas en pruebas y no en presiones externas.

Asimismo, es crucial reflexionar sobre el papel de los partidos de oposición en este contexto. ¿Hasta qué punto las impugnaciones presentadas son reflejo de irregularidades reales y no simplemente una estrategia para desacreditar a la vencedora y prolongar la incertidumbre, o bien manchar el proceso?

La democracia implica aceptar los resultados electorales y trabajar dentro del marco institucional para abordar cualquier irregularidad, no utilizar tácticas dilatorias que solo minan la confianza en el sistema.

Opinamos que la entrega de la Constancia de Mayoría a Claudia Sheinbaum no es solo un acto administrativo; es una prueba de fuego para la democracia mexicana.

La forma en que el TEPJF maneje este proceso determinará no solo la legitimidad de esta elección, sino también la confianza del pueblo mexicano en sus instituciones.

Fernández Noroña, el adelantado

El fenómeno de las campañas anticipadas no es una novedad en el panorama político mexicano. Apenas han pasado unas semanas desde la elección del 2 de junio de 2024, y ya se perciben movimientos significativos entre aquellos que aspiran a cargos en el próximo sexenio. Esta situación refleja una realidad recurrente: los políticos que buscan una posición de poder comienzan sus campañas mucho antes de las elecciones oficiales.

La premura en iniciar campañas tiene como objetivo principal aumentar la visibilidad y el reconocimiento entre los votantes. Mientras más tiempo pasen los candidatos en campaña, mayores serán las oportunidades de establecerse como opciones viables en el imaginario colectivo.

Este periodo prolongado permite a los candidatos construir una base de apoyo sólida, algo crucial para enfrentar los desafíos de las elecciones formales.

Sin embargo, esta práctica no está exenta de críticas. La ética de las campañas anticipadas ha sido un tema recurrente de debate. ¿Es justo que algunos candidatos utilicen el tiempo y los recursos de manera tan extensa antes de las elecciones oficiales? Esta pregunta abre un abanico de consideraciones sobre la equidad del proceso electoral y la posible saturación del electorado.

Y es que el reciente descontento de Gerardo Fernández Noroña pone de manifiesto las tensiones internas dentro de Morena y una campaña anticipada.

Al no obtener un puesto en el gabinete de Claudia Sheinbaum, ni coordinar bancadas en el Congreso de la Unión, Noroña ha expresado públicamente su inconformidad. Acusa al partido Guinda de no respetar los acuerdos previos a la elección del candidato presidencial y señala un trato injusto, destacando que, a pesar de su tercer lugar en la encuesta interna, otros como Ricardo Monreal y Adán Augusto López han recibido coordinaciones en el Congreso.

Claudia Sheinbaum ha intentado calmar los ánimos, asegurando que Fernández Noroña seguirá siendo una figura importante en el movimiento. No obstante, la falta de claridad sobre su rol en el próximo sexenio deja un espacio de incertidumbre que podría fortalecer la posición de Noroña para una futura candidatura presidencial, especialmente si su base de apoyo sigue creciendo en redes sociales y entre el electorado descontento.

Camino Farjat y Patrón Laviada

En Yucatán, la dinámica no es diferente. Verónica Noemí Camino Farjat, con su oposición a la reforma de Mauricio Vila Dosal sobre la Ley del Sistema Estatal de Seguridad Pública, ya se perfila como candidata a la gubernatura. La senadora critica que la reforma permita a Vila Dosal disponer de recursos estatales para su protección al finalizar su mandato, lo cual podría considerarse un abuso.

Camino Farjat se prepara para una contienda en 2030 contra Cecilia Anunciación Patrón Laviada, quien también está en movimiento, buscando consolidar su posición con una segunda gestión en la Comuna meridana antes de aspirar a la gubernatura.

La anticipación de campañas y los movimientos estratégicos de los aspirantes son una constante en la política mexicana. Estos preparativos tempranos reflejan no solo la ambición de los candidatos, sino también las complejidades del sistema político.

PRD no aprende

El panorama político en México ha experimentado una serie de transformaciones significativas en las últimas décadas, y uno de los partidos que ha sentido con más fuerza estos cambios es el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En palabras del perredista y politólogo Ángel Clemente Ávila Romero, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, el futuro del PRD pende de un hilo.

Ávila Romero advierte a los militantes del Sol Azteca que, si no logran mantener el registro del PRD ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se verán obligados a crear un nuevo partido.

La situación actual del PRD es, en muchos aspectos, el resultado de una serie de decisiones y alianzas que han minado su base de apoyo. En las recientes elecciones presidenciales, de senadurías y diputaciones federales, el PRD no alcanzó el umbral del 3% de los votos, un requisito crucial para mantener su registro. Este dato no es solo una cifra; es un indicador claro de la pérdida de relevancia y confianza entre el electorado.

La desaparición del PRD, o al menos de su registro oficial, se perfila como un escenario cada vez más probable. La pérdida de su logo, siglas y, lo más importante, de las preferencias entre los votantes, dibuja un futuro incierto para este partido que, en otros tiempos, fue un baluarte de la supuesta izquierda mexicana.

El análisis de Ávila Romero no es optimista, y con razón. Desde la llegada de los llamados “Chuchos” (Jesús Ortega y Jesús Zambrano) a la dirigencia, el PRD ha perdido gran parte de su esencia y rumbo original. Muchos de sus militantes históricos han abandonado el partido, decepcionados por una alianza con el Partido Acción Nacional (PAN) que, a ojos de muchos, traiciona los principios fundacionales del PRD. La debacle del partido, en este sentido, era previsible y quizás inevitable.

El refrán popular «Aunque la mona se vista de seda, mona se queda» parece resumir la situación del PRD con precisión. Los esfuerzos por renovar o rescatar la imagen del partido pueden ser en vano si no se abordan las causas profundas de su declive: la pérdida de identidad y la desconexión con su base electoral.

El temor de que los dos únicos senadores perredistas que ganaron por primera minoría, junto con exgobernadores como Rolando Zapata Bello del PRI y Mauricio Vila Dosal del PAN, terminen en las filas de Morena, es una señal más de la desintegración de la oposición. La migración de figuras clave a otros partidos refleja no solo una crisis interna, sino también la capacidad de Morena para atraer y absorber a líderes de distintas corrientes políticas.

La situación del PRD plantea preguntas fundamentales sobre el futuro de la izquierda en México y sobre la capacidad de los partidos políticos para adaptarse y sobrevivir en un entorno cambiante.

La creación de un nuevo partido, como sugiere Ávila Romero, podría ser una solución, pero también conlleva desafíos significativos. ¿Podrá un nuevo partido llenar el vacío dejado por el PRD? ¿Podrá reconectar con los votantes desilusionados y ofrecer una alternativa viable?

En última instancia, el destino del PRD y la configuración del panorama político en México dependerán de la capacidad de los actores políticos para aprender de sus errores, adaptarse a las nuevas realidades y ofrecer propuestas que resuenen con las aspiraciones y necesidades del electorado.

La historia del PRD, con todos sus altibajos, es una lección sobre la fragilidad y la resiliencia de los partidos políticos en una democracia vibrante y en constante evolución.

Cepredey repite su historia

Hoy como hace seis años se repite la historia y en Cepredey Mauricio Vila Dosal vuelve a despedir a los jóvenes que entregaron alma y corazón a una dependencia que al final los despide.

Esto para que los funcionarios y directores de dependencias buscando refugio en otras partes, dejen su actual puesto en orden. Esta huida desorganizada deja tras de sí un rastro de caos administrativo y empleados sin liquidar.

Y es que Cepredey es una dirección clave que ha brindado apoyo a jóvenes en diversas disciplinas musicales y culturales.

Hoy, esta dependencia es escenario de conflictos administrativos debido a los pagos pendientes. Los empleados, que ya de por sí enfrentan la incertidumbre del cambio de administración, se encuentran ahora con la angustia de no recibir sus pagos de manera regular.

Es alarmante que, en lugar de asegurar una transición ordenada y responsable, los funcionarios opten por «maquillar» sus salidas y dejar los problemas sin resolver. Esta actitud no solo refleja una falta de compromiso y ética profesional, sino que también pone en evidencia una profunda desconsideración hacia los empleados que quedan en una situación de vulnerabilidad económica y laboral.

La ética y la responsabilidad no deben ser sacrificadas en el altar de la conveniencia política. Los empleados merecen respeto y cumplimiento de sus derechos laborales, independientemente de los cambios administrativos.

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