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VICTORIA, DE LAS PEORES HOMICIDAS

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

(Quinta de siete partes)                                              

Ciudad de México.- Otro impactante caso fue el de Victoria. Una mujer que, huérfana de padres, debió pasar su vida de orfelinato en orfelinato. Acabó en la calle y cuando fue detenida cargaba en su conciencia con varias muertes.

Fue confinada en uno de los galerones que albergaban a los peores homicidas, pero por su alto grado de conflictividad en el propio penal, algunos de los asesinos más temibles preferían esquivarla antes que coincidir con ella.

Muchos presos pedían que la quitaran de su lugar de trabajo, porque de lo contrario algún día acabarían matándola por todos los problemas que causaba. Ella misma hirió a muchos internos en peleas.

La última vez, tuvo que acudir al hospital para curarse algunas heridas recibidas en una de tantas riñas.

Ya estando en el hospital, volvió a pelear, ahora con los enfermos que estaban internados, quienes se juntaron y la arrojaron por la ventana del tercer piso del edificio.

La llevaron a urgencias. No había nada que hacer. El Padre Trampitas que casualmente pasaba por el lugar corrió hacia ella y la encomendó a la Virgen de Guadalupe, a la vez que le preguntó si quería confesarse.

Victoria respondió con una sarta de insultos y blasfemias.

– “Mira, Victoria, no vengo a decirte que te confieses, vengo a decirte que en unos minutos estarás ante el tribunal de Dios”.

El sacerdote se acordó que en el expediente de Victoria aparecía que la mujer había ingresado a una Congregación Mariana, dirigida por las monjas.

-Victoria, ¿en la congregación cantabas el “Bendita sea tu pureza”?

– Sí muy bien, y a tres voces.

-Y ¿te acuerdas de cómo termina?

Ella empezó a mover los labios como recordando el canto. Cuando al final dijo:

-No me dejes madre mía.

– ¡Repítelo!, Victoria. ¡Repítelo!, Victoria. Éste es el momento en que la Virgen te va a pagar la comunión que hiciste.

-No me dejes, Madre mía. No me dejes Madre mía… Padre, todavía estoy con vida. ¡Confiéseme, padre!

Cuando finalmente le dio la absolución “vi que comenzó a disminuir la intensidad de su voz. Se quedó diciendo, ‘no me dejes Madre mía, no me dejes Madre mía’. Y murió”.

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