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NI XÓCHITL, NI CLAUDIA APUNTAN DIRECTO AL NARCO

Xóchitl Gálvez, Claudia Sheinbaum han ahondado en el meollo del asunto de golpear, con seriedad -y no con aspavientos- al crimen organizado.

QUE PAGUEN ANTE LA JUSTICIA

¿YA VENDIERON LA PLAZA?

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Roberto López Méndez /Sol Yucatán

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Como ocurre en las plazas que han sido vendidas a alguno de los cárteles del crimen organizado que cogobiernan en muchos estados del país, en Mérida abundan ya los carros con vidrios tan polarizados que no se puede ver ni a su conductor ni a sus tripulantes.

Lo peor del caso es que hasta los comandantes policiacos, que deberían ser los primeros en poner el buen ejemplo, andan con los vidrios de sus camionetas completamente oscurecidos por el polarizado, como si por miedo tuvieran que esconderse. Por eso, cuando se los topa uno, surge la pregunta: ¿A qué le temen, no que Mérida es una ciudad muy segura?

Otra extendida costumbre de maleantes que ya se nota por toda la ciudad es la de quienes transitan con una sola placa, generalmente la trasera, pero con un grueso marco portaplaca de esos que, supuestamente, están prohibidos porque impiden leer el estado de procedencia. Además, para disimular la falta de placa delantera, ponen una placa cualquiera acostada en el tablero junto al parabrisas, para que no se puedan ver sus datos. Y así andan todo el tiempo, sin que nadie los moleste.

No es todo lo que pasa, porque los montachoques, que se mueven en dos o tres carros juntos, y otros maleantes (por ejemplo, los que se meten en el camino de los conductores cuando se están echando en reversa para fingirse golpeados), andan por toda la ciudad buscando a quien robarle con engaños y amenazas.

Curiosamente, la única que al parecer no se entera de las andanzas de estos maleantes parece ser la policía.

Otras personas han reportado la presencia de delincuentes foráneos que pasan junto a los carros mostrando a los conductores alguna llanta, y haciendo señas de que se está bajando la presión del aire. Desde luego, la intención es que el conductor se baje del carro para robárselo.

Los maras

Un problema más, que es vox pópuli, son los pandilleros centroamericanos de la Mara Salvatrucha que han venido a refugiarse a las colonias populares de Mérida, y que, si bien de día disimulan los tatuajes de sus brazos con camisas de manga larga, los de su cuello y manos no los pueden ocultar. Según reportes de diversas personas, continuamente se ve a estos sujetos cuando se acercan a comprar a alguna tienda, o cuando en las noches andan en motos buscando a quien atracar, o vigilando alguna casa a la que ya le echaron el ojo para meterse a robar.

Casas de seguridad

Otro problema que las autoridades tratan de ocultarnos es el de las casas de seguridad del crimen organizado, que no son pocas, están estratégicamente distribuidas en diversos rumbos de la ciudad, y preocupan a los ciudadanos que las han detectado.

Alguien podría preguntar: ¿Y por qué no las denuncian? Y allá surge otro problema del que casi no se habla: la falta de confianza en la policía estatal, porque aunque quieran disimularlo con premios o reconocimientos aprobados por un congreso de mercenarios, la verdad es que el desgaste de la imagen de la SSP con Vila ha sido demasiado grande, ya que la alejó del pueblo al usarla lo mismo para reprimir manifestaciones pacíficas que para perseguir a las comunidades campesinas cuando han tenido que protestar por los ilegales despojos de tierras sufridos ya sea a manos del cártel inmobiliario, o del intocable consorcio de las mega granjas porcinas que a pesar de no implementar las medidas de ley para el tratamiento de sus aguas residuales, lo que ha contaminado pueblos enteros, ha estado protegido oficialmente por las autoridades políticas corruptas.

Por esas y otras razones, podemos asegurar que en seguridad tenemos dos Méridas: la mejor atendida de los ricos, y la peor atendida de los pobres.

Podemos verlo en algo tan reciente como las manifestaciones de los estudiantes del ITM que pedían un paso peatonal frente a su escuela, pero nunca fueron atendidas y ni siquiera se puso un policía para contener la velocidad de los vehículos que pasan por la avenida del Tecnológico. Pero esa actitud de oídos sordos se puede contrastar con la pródiga atención que tiene la escuela particular situada casi enfrente, en la misma avenida del Tecnológico con la calle 21 de Chuburná, donde en los días de clase hay dos o tres policías dirigiendo el tránsito y poniendo conos para facilitar el acceso de los vehículos de los padres que pasan por los alumnos. No es malo que asignen policías a esas tareas, pero, ¿por qué en las modestas escuelas de gobierno nunca se asignan policías a la entrada o salida de los alumnos?

No es necesario darle vueltas, porque hay una sola explicación: En Yucatán el racismo, y el clasismo, son institucionales. Es decir, se implementan desde el estado.

(Continuará).

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