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EDITORIAL

 

YUCATÁN TIENE DUEÑOS

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Francisco Trubu/Sol Yucatán

Las campañas electorales pusieron de manifiesto que en Yucatán la tierra tiene dueño y por generaciones se la heredan y no la comparten, a menos que sea con sangre.

Y pareciera un chiste, pareciera que se trata de una opinión negativa de alguien en particular, pero no es así, simplemente las dinastías familiares de Yucatán se imponen frente a la democracia y la libertad de elegir.

Aunque también eso hay que ponerlo a prueba o cuando menos en duda.

Y me refiero a que, en los diferentes municipios de la entidad, hay ayuntamientos que son gobernados en los últimos 20 o 30 años por la misma familia, incluso con una alternancia cínica entre madre, padre e hijos, que se van turnando uno a la vez y vuelven a repetir.

Algo muy significativo también que vale hacer notar, es que no hay lealtad a ningún partido, los políticos del pueblo que sean, solo son leales a su hambre de dinero y de poder.

Pueden pasar muchos años bajo las siglas de cualquier institución política, ya sea el PRI o el PAN principalmente, y luego viene la chiquillada con el PRD, con el PT, Nueva Alianza o Movimiento Ciudadano, y mientras el partido los deje ser candidatos a alcaldes, a regidores, a diputados locales o federales, van a permanecer en esa institución, pero cuando les nieguen ser candidatos la gente emigra a otros colores.

¿Qué significa?

Que en realidad los yucatecos no tienen lealtades para empezar, se venden al mejor postor o cambian de colores cuando les conviene, cuando hay intereses económicos a la vista, pero también significa que no tienen convicciones, no luchan por una ideología determinada, no defienden principios de vida porque seguramente no los tienen, tal vez ni saben que significa tener principios, la gente quiere llegar a ser alcalde para saquear las arcas municipales, hacer negocios con sus compadres y socios, no obstante tener en la nómina a la familia completa en primer, segunda y tercera línea, incluyendo desde luego a “aquellita” la de la casa chica para que se lleve también un dinero a casa porque el señor no le da completo el gasto para la casa “chica” o se mete en problemas con la casa “grande”.

¡Qué tal!

No es broma, tristemente es parte de la realidad que se vive en la tierra del faisán y el venado, donde ser cínico parece que tiene que ser una característica para ser político.

No sé si a partir de que las señoras agarran en la movida al señor de la casa en funciones de alcalde o diputado, es que amenazaron con que les dieran oportunidad y espacios para ser el relevo municipal o le armaban un escándalo.

 En todos los municipios y con todos los negocios que giran en torno al regionalismo se da este fenómeno yucateco. Por ejemplo, en Chichén Itzá, donde los caciques del pueblo tienen el control de las artesanías en la zona arqueológica y han doblado al gobierno estatal y federal, también la familia se rota la alcaldía.

Claro que, en todos los pueblos, la bandera de la pobreza, el hambre, las necesidades no cumplidas con el argumento para chantajear y obtener las prebendas.

Lo que sí tenemos que hacer notar es que hasta en la política yucateca hay clasismo y niveles, los pobres con los pobres y los ricos con los ricos.

Es muy difícil que un diputado local se convierta en federal si no está en el ánimo del que reparte las candidaturas, es más sencillo que regrese a ser alcalde nuevamente.

Por eso han pasado muchos personajes distintos, sobre todo del PRI y el PAN, por el Congreso estatal, y una minoría por el federal, en donde es más común que repitan.

Y vale la pena recordar que desde la época prehispánica, las castas en que se divide el pueblo son una regla que no se puede torcer, por eso los apellidos rimbombantes de la política yucateca siguen siendo los mismos hoy que hace 100 años con las haciendas del henequén.

Para un botón de muestra vale decir el caso de Joaquín Díaz Mena (a) Huacho que de su pueblo de pescadores como alcaldes del PRI brincó a ser diputado y luego se cambió al PAN porque ya le daban las candidaturas y por la misma razón se fue a Morena y va por la tercera ocasión que intenta ser gobernador.

¿Qué lealtad puede tener Huacho? ¿Cuáles serán sus principios y su filosofía política, la del PAN, la del PRI o Morena? Las tres son diferentes.

Y por el otro lado, tenemos también a Renán Barrera, que ya fue tres veces alcalde de Mérida, con la anuencia de los poderosos y ricos patrocinadores con quienes hace negocios. No cualquiera es alcaldes tres veces y luego candidato a gobernador.

Y la próxima le platico lo que pasa cuando eres plebeyo y te casas con una mujer de casta real yucateca, ¿se lo imaginan? ¿Algún nombre les viene a la cabeza? Y también te castigan cuando fallas como marido consorte de una mujer con linaje, ¿sabe de quién hablamos? La próxima se los cuento.

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