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ZACATECAS PARALIZADA POR EL MIEDO, ESTRATEGIA SEMBRADA POR LOS NARCOS

  • Los cruentos enfrentamientos que sostienen el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel de Sinaloa y el Cártel del Noreste, además de las sanguinarias ejecuciones, marcaron trágicamente la vida de miles de zacatecanos en lo que fue algún día localidades bullangueras
  • Los carteles no tuvieron que asesinar a un solo periodista para acallarlos a todos. Se trata de una modalidad que rige en muchos estados mexicanos: los carteles logran el control, la prensa se siente intimidada y el público queda desinformado
  • 30 de los 58 municipios de la entidad tienen corporaciones con apenas entre dos y 10 policías. Inoperantes, mal capacitadas, mal armadas y con pocos agentes aprobados en el control de confianza. El año pasado ejecutaron a 24 y este año han aparecido varios colgados

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

Corresponsales Nacionales
Reportajes Especiales

El terror a morir en cualquier minuto en Zacatecas se incrustó hasta lo más profundo de la médula de los habitantes.

Los cruentos enfrentamientos por la disputa de la plaza que sostienen el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel de Sinaloa y el Cártel del Noreste, además de las sanguinarias ejecuciones, marcaron trágicamente la vida de miles de zacatecanos en lo que fue algún día localidades bullangueras.

El terror se apodera de las calles, se escuchan disparos y tras varios minutos, cuando regresa la relativa calma, se deben de levantar del suelo a las víctimas de la tragedia. Así se vive en la entidad norteña a diario. Miles de familias que viven en toda la geografía estatal se encuentran paralizados por el miedo.

La entidad se encuentra atrapado en una vorágine de violencia e inseguridad que parece no tener freno: en 2020 hubo más de mil 200 ejecuciones.

Fresnillo, Zacatecas, Guadalupe, Jérez de García Salinas, Sombrerete, Valparaíso, Jalpa, Juchipila, son parte de los 58 municipios que conforman la entidad y que viven totalmente en zozobra

El fracaso de las políticas de los gobiernos para enfrentar al crimen organizado dejaron a merced de los cárteles a los ciudadanos.

INICIO DEL TERROR

Hace más de 5 años la violencia ya era aterradora, al explotar granadas frente a la iglesia de Fresnillo, a plena luz del día. Posteriormente, algunos niños del municipio fueron secuestrados y desaparecieron sin dejar rastro. Después tiraron los cuerpos de los ejecutados en las calles.

De la mayoría de la población, lo único que conoce es una vida aterradora; el 96 por ciento de los residentes dicen que se sienten inseguros, el porcentaje más alto de cualquier ciudad del país.

Vivimos en medio de un infierno, dijo un candidato a la alcaldía, quien atestiguó como asesinaron a uno de sus colaboradores junto a él.

Las víctimas incluyen lo mismo a exfuncionarios que a mujeres, comerciantes, ferreteros, constructores, adolescentes y estudiantes.

Zacatecas limita con ocho estados y durante mucho tiempo ha sido un centro del tráfico de drogas, una encrucijada entre el Pacífico, donde se envían narcóticos y productos para la fabricación de drogas, y los estados del norte ubicados en la frontera con Estados Unidos. Fresnillo, que se encuentra en el centro de importantes autopistas y carreteras, tiene una ubicación estratégica vital.

Nos tienen bien espantadotes, estamos todo el día con el Jesús en la boca, exclaman familias por la crecida de los asesinatos y las extorsiones. Una calle del centro de Fresnillo fue rebautizada oficiosamente como Mataulipas.

No quisiera que llegara la noche, dijo una mujer entre lágrimas. No es vida estar con miedo.
Las víctimas de secuestro y familiares de quienes aún continúan privados de su libertad expresan su miedo y desazón por la inseguridad creciente en el estado.

El terror es indescriptible”, narra una persona que fue plagiada dentro de su empresa, en la zona metropolitana.

Su cautiverio se prolongó durante varios días. Todo ese tiempo estuvo con los ojos vendados. Algunas veces compartió su encierro con otras personas, algunas de San Luis Potosí.

Varias de ellas, dice, fueron asesinadas a centímetros de distancia de donde ella estaba y quemadas en piras preparadas ex profeso, luego de que los cuerpos fueron troceados con machetes.

Los vigilantes de los plagiarios, dice, son jóvenes con escasa instrucción. Su vocabulario es limitado y por lo general se la pasan fumando mariguana o inhalando cocaína.

Una vez los oyó hablar de otro campamento que utilizaba el grupo criminal para distintas actividades, para llevar a las personas secuestradas. Nadie quería regresar a ese lugar, que “olía a muerte, pues había por lo menos 300 cadáveres ahí”.

Los vecinos de la ciudad, como Guadalupe, han quedado atrapados en medio de los combates. Ella recuerda su infancia, cuando podía estar sentada en las escaleras con sus vecinos hasta la medianoche. Ahora, la ciudad se transforma en un lugar desolado después del anochecer.

Guadalupe no deja que sus hijos jueguen afuera sin supervisión, pero ni siquiera eso pudo evitar que la violencia destrozara a su familia. La noche en que mataron a su hijo, cuatro hombres armados irrumpieron en su casa, arrastraron a su hijo, Henry, y a dos amigos que estaban durmiendo. Hubo una ráfaga de disparos y luego los asaltantes se fueron.

Guadalupe fue quien encontró los cuerpos de los adolescentes.

Ahora ella y su familia viven aterrorizados. Estaban demasiado asustados como para quedarse en la misma casa, así que se mudaron con los padres de Guadalupe a otra parte de la ciudad. Pero el miedo continúa. Dice que su hija de 10 años apenas puede dormir, y ella sigue soñando con el asesinato de su hijo. El motivo y la identidad de los asesinos siguen siendo desconocidos.

El tipo de violencia es la continuación de un código perverso en relación con el tipo de muerte. El modo de morir de los narcos o enemigos es un código terrorífico, y este código básicamente tiene un objetivo: por un lado, el control social y por otro lado, someter a un miedo sistemático a toda la población.

Hay un repliegue social, resultado de la persistencia prolongada de altos niveles de violencia. Se ha perdido la confianza. Es una de las peores consecuencias. Se rompe la comunidad, hay una fractura social en la credibilidad entre todos nosotros. “Estamos viviendo un trauma colectivo”, señalan las familias.

El clima de violencia también ha envuelto a la minera, con ataques a trabajadores atribuidos a pugnas entre sindicatos.

PRENSA SILENCIADA

Los reporteros no pueden informarle al público, debido a que el crimen organizado tiene control sobre Zacatecas, desde los desiertos hasta los cordones montañosos.

Los periodistas afirman que las bandas delictivas controlan cada uno de los 58 municipios en forma completa o casi total.

En Zacatecas los carteles no tuvieron que asesinar ni a un solo periodista para acallarlos a todos. Se trata de una modalidad que rige en muchos estados mexicanos: los carteles logran el control, la prensa se siente intimidada y el público queda desinformado. Y como no se producen muertes entre los periodistas locales, no llama la atención el generalizado problema de la autocensura.

Las armas y el dinero fueron distribuidos entre los hijos jóvenes de empobrecidos agricultores dedicados al cultivo del chile y de porotos; el pago en recompensa los convirtió en gente importante dentro de sus comunidades aisladas, desérticas y montañosas. Estos jóvenes conocían los despeñaderos y senderos del país mucho mejor que los soldados y que la policía federal enviada desde afuera para controlarlos.

En la comunidad de Ermita de los Correa, en el corazón de la sierra de Jerez, cientos de habitantes tuvieron que abandonar sus casas y pertenencias; dejar abandonados a sus animales y ganado y olvidar, al menos por un tiempo, la tierra que les vio nacer y buscar la sobrevivencia, ante la amenaza de perder la vida si quedaban en el lugar.

DÉFICIT POLICIACO

30 de los 58 municipios de la entidad tienen corporaciones con apenas entre dos y 10 policías. Inoperantes, mal capacitadas, mal armadas y con pocos agentes aprobados en el control de confianza.

Hace cinco años el gobierno se planteó contar con 2 mil 500 integrantes de la Policía Estatal Preventiva (PEP), el principal grupo de reacción de Zacatecas; sin embargo, la corporación no supera mil 200 agentes porque no hay reclutas. En cambio, en meses recientes ha habido muchas renuncias de uniformados. Y muertes.

En el 2020, un total de 24 agentes de seguridad pública fueron asesinados por presuntos criminales: 18 policías municipales; cuatro estatales, un policía ministerial y uno de tránsito.

Además de no contar con suficientes policías estatales, la SSPZ enfrenta un grave problema de coordinación con las fuerzas federales, debido a que los integrantes de la GN –más de 3 mil en territorio estatal– rehúyen entrar a fondo en el combate a la delincuencia.

En Fresnillo, la Guardia Nacional no ha hecho lo suficiente.
Hace presencia, hace rondines pero lo que se requiere es estar combatiendo la delincuencia organizada.

La policía municipal y estatal está aterrorizada o fue comprada. Algunas delegaciones quedaron abandonadas y otras tienen oficiales que no suelen dejar el lugar.

El día que se retiran los militares en Valparaíso, por historia lo sabemos: de pronto, otra vez, hay presencia de grupos criminales disputando el territorio.

La Organización de las Naciones Unidas sostiene que para la atención y protección de la seguridad deberían tenerse cinco elementos por cada cien mil habitantes, en el caso de Zacatecas y en México se consideró, por sus características, que fuera 2.83 policías por cada mil habitantes y, en el caso de Zacatecas, se tienen 0.9, se trae un déficit de elementos de la corporación policiaca estatal frente a la recomendación.

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