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DIGNA OCHOA: LUZ Y SOMBRA 

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  • La abogada Pilar Noriega García, dijo sobre la activista, que su lucha debe mantenerse vigente ante “las acciones que impulsan autoridades, para denostar a periodistas (¿?), defensoras y defensores de derechos humanos 
  • Luego de dos años de investigación sobre la muerte de Digna Ochoa la fiscalía determinó que existen hechos incontrovertibles que apoyan la teoría que a los ojos de familiares de la ombudsman resulta inverosímil 

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México 

Tercera de siete partes

Ciudad de México.- En el marco del 15 aniversario luctuoso de Digna Ochoa y Plácido, en Aristegui Noticias, la abogada Pilar Noriega García dijo que su lucha se debe recordar y mantener vigente ante “las acciones que impulsan autoridades, para denostar a periodistas (¿?), defensoras y defensores de derechos humanos, a partir de supuestos y especulaciones”. 

“Intentaron tildar a Digna Ochoa de loca, incluso dijeron que fue un suicidio (¿?), pero todas y cada una de las pruebas se han desvanecido sobre sus causas, orígenes, incluso de tipo emocional y pasional que no convencen a nadie. Lo que sí se demostró fueron las agresiones físicas de que fue objeto Digna en el momento de su muerte”… 

Vecinos del despacho IDENTIFICARON a “hombres con corte militar merodeando el lugar días antes de su homicidio, según Cencos”, dijo la abogada. 

 (¿Entonces fueron elementos de las fuerzas armadas los que planearon ASESINAR a una mujer con una pistola aparentemente de la Primera Guerra Mundial y lograron victimar a Digna en su oficina, sin hacer ruido y SIN DEJAR HUELLAS en la harina que había derramado la señora, para finamente ocultar el arma bajo el cadáver?). 

Por otro lado, Lorena Ochoa, del centro de derechos humanos “Digna Ochoa y Plácido” dijo que la lucha de la abogada, enfilada hacia el amparo de los desprotegidos, INDISCUTIBLEMENTE FUE MAL VISTA POR LA ÉLITE GUBERNAMENTAL (¿?), por lo que padeció “amenazas y agresiones”. 

A su vez, la redacción de la revista Proceso, expresó el 18 de julio de 2003, que el dictamen final con el que se dan por concluidas las investigaciones sobre la muerte de la defensora de los derechos humanos, Digna Ochoa y Plácido, determinó que por la trayectoria del disparó que la mató, la entrada en el cráneo y la posición en que se encontró el cadáver, se trató de un suicidio y no de un asesinato, como sostenían los familiares de la abogada. 

-No existen elementos que permitan demostrar que otra persona produjo las lesiones por disparo de arma de fuego que presenta el cuerpo de Digna Ochoa y Plácido– dice la resolución presentada por la fiscal especial para el caso, Margarita Guerra y Tejeda. 

Luego de dos años de investigación sobre la muerte de Digna Ochoa, acaecida el 19 de octubre de 2001, informó Proceso, “la fiscalía determinó que existen hechos incontrovertibles que apoyan la teoría que a los ojos de familiares de la ombudsman, investigadores y organizaciones nacionales e internacionales resulta inverosímil”. 

Así, el dictamen que se daría a conocer ese fin de semana, señaló entre otros aspectos que “no cabe una persona entre el costado izquierdo del cuerpo de Digna Ochoa y el buró, adosado al librero del muro oriente, único espacio que permitiría a una persona disparar su arma de fuego en la región temporal izquierda de Digna con el mismo trayecto del proyectil descrito en el informe de la Facultad de Medicina de la UNAM”. 

El documento, que el Procurador Bernardo Bátiz preveía como controvertido e incómodo, (no se calificó a sí mismo igual cuando dijo que había un recado agresivo contra el PRD, confundiéndose con el centro de derechos humanos PRO), detallaba que la defensora de los derechos humanos era “fantasiosa y tenía problemas psíquicos definidos como neurosis conversiva”, un estado de ansiedad neurótica, que le provocaba angustia y ansiedad, según el expediente 444/987, radicado en un juzgado de primera instancia de Rancho Viejo, un distrito de Xalapa, Veracruz. 

La afirmación se apoyaba también en las averiguaciones que se hicieron a más de 50 personas que tuvieron algún contacto con Digna Ochoa y que concluyeron en que Digna tenía una personalidad esquizofrénica. De ese modo se indicó que los acontecimientos fueron un “suicidio simulado” y que la víctima arregló la escena del crimen poco antes de quitarse la vida. 

Según el informe, los hechos se dieron así: Digna probó el arma poniendo la boca del cañón en uno de los sillones, lo que le sirvió también para observar si algún vecino acudía. 

El segundo disparo lo hizo contra su muslo izquierdo y luego se levantó para caer hincada y, con la mano izquierda, en una posición atípica, se disparó en la cabeza.  

Proceso reveló también que existen dos cartas en las que Digna determina la distribución de sus bienes y revela un estado de ánimo que tiende al suicidio. 

En 1987 la abogada escribió: “Sé del dolor tan grande que les causo, pero soy tan cobarde que no quiero enfrentar la realidad”. Por otro lado se advierte que en el ejercicio profesional de Digna, “no participó en algún caso que pusiera en peligro su vida”. 

Tres personajes se habían hecho cargo de la investigación sobre el suicidio y, a su magistral manera, el reportero Carlos Marín Martínez, explicó la esencia del problema: Renato Sales Heredia -caído ayer de la Fiscalía Especial del caso Digna Ochoa-, es la segunda víctima de quienes medran de cadáveres ‘ilustres’. 

En la edición de Milenio Diario, viernes 21 de Junio de 2002, el diarista Carlos Marín añadió que “antes que Renato Sales Heredia, el responsable de Averiguaciones Previas de la PGJDF, Álvaro Arceo Corcuera, fue relevado por suponer que la muerte de la abogada tenía relación con cuestiones pasionales y que el probable homicida merodeaba en el entorno de la ahora occisa”. 

El señor Marín cita un excelente trabajo de Blanche Petrich en La Jornada y se permitía reafirmar que el Procurador Bernardo Bátiz estaba sustancialmente convencido de la solidez que tenía la embarazosa, políticamente hablando, conclusión de suicidio. 

“Pocas investigaciones se han hecho en México tan cuidadosas y abiertas”, dijo a Petrich el justiciero Bátiz, quien fue el primero en alarmarse cuando Renato Sales le expresó su convicción de que estaban frente a un suicidio. 

Según el columnista Carlos Marín Martínez, la íntima pero desbordante convicción del procurador, quien calificó a su equipo de “muy profesional y responsable”, no pudo con las presiones que “un licuado nauseabundo de vividores de lo que sea que reditúe políticamente, promotores de mártires, impulsores de una nueva forma de antropofagia y revendedores de despojos, ejerció sobre Bernardo Bátiz o sobre el jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador”. 

Se preguntó Marín: “¿Cómo que un gobierno perredista en plena “Ciudad de la Esperanza” va a salir con la batea de babas de que no fueron Vicente Fox, Ernesto Zedillo, el Cisen, la Secretaría de Gobernación o el Ejército quienes “asesinaron” a la luchadora que, casualmente, dejó durante los últimos 15 años un rastro espeso de mitomanía, inestabilidad emocional, propensión al suicidio, macabras autoamenazas y, para que no hubiera duda de su paranoia, su propio cadáver”? 

Con sarcasmo escribió: ¿Qué la “mataron” con su propia pistola? ¡Ah!: es que a los “agentes del gobierno” o a “los matones de caciques” únicamente se les “olvidó” llevar la herramienta necesaria para cumplir con el encargo… 

Agregó: ¿Que inclusive la licenciada escribió a su hermana, (El Universal), de su puño y letra que se mataría? Qué importa: esa propensión no era lo que denotaba en su comportamiento durante los días previos a su muerte. 

Y se preguntó: ¿Por qué si Bátiz tenía toda la confianza en Renato Sales, aceptó su “renuncia”? O peor: ¿Andrés Manuel López Obrador exigió la cabeza del fiscal? 

Y sin que le interesara mucho la repercusión política por la “renuncia” de su buen equipero Renato Sales Gasque, Bernardo Bátiz dijo a Blanche Petrich—según Carlos Marín—que “estaban dispuestos a que las pruebas periciales que se habían hecho, se revisaran por peritos internacionales”. 

La periodista de La Jornada habría escrito que “en un periódico, (Milenio), se afirma que también el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, (Cisen), y la Procuraduría General de la República, han estado investigando y coinciden con la hipótesis del suicidio”. 

Lo que se publicó en Milenio fue que “se conocían los datos medulares de la indagación, entre otras razones por el intercambio de información que se tiene entre las distintas instituciones y entidades en los tres niveles de gobierno, sobre todo cuando se trataba de asuntos tan relevantes como el falso “asesinato” de la abogada Digna Ochoa”, aclaró Carlos Marín. Y se refirió severamente a “coadyuvancias” tan inexpertas, parciales, dolosas y culpígenas como la familia de la difunta, que clamaba por un “crimen de Estado”.  

Al retirarse misteriosamente Renato Sales Gasque de la polémica averiguación sobre la extinción de Digna Ochoa, tomó posesión de la Fiscalía respectiva la licenciada Margarita María Guerra y Tejada. En acto privado ante Bernardo Bátiz, el subprocurador Renato Sales Heredia entregó a Guerra y Tejada el expediente de las indagatorias realizadas por la Procuraduría. 

El expediente contenía la declaración de alrededor de 200 testigos, 175 dictámenes periciales en Balística, Genética Forense, Química, Patología, Grafoscopía, Documentoscopia, Informática, Dactiloscopia y otras. Aparecían también investigaciones del Ministerio Público y de Policía Judicial, tanto en el entonces Distrito Federal, como en los Estados de Guerrero, Veracruz, Yucatán y Tabasco. 

Cabe citar que por alguna razón no aclarada, la licenciada Margarita María Guerra y Tejada fue propuesta como titular de la Fiscalía multimencionada por el maestro y periodista Miguel Ángel Granados Chapa, quien en paz descanse. 

El famoso diarista sabía que la abogada había fallado terriblemente en el caso de su excolega Abraham Antonio Polo Uscanga, quien a través de sus casi inigualables conocimientos sobre asesinatos y muertes voluntarias, logró engañar a miles de personas, cuando, por meses, se dedicó a divulgar, coincidentemente, que por no sancionar a los hermanos Cerezo “como se decía que merecían”, fue obligado a “renunciar” tras oponerse a las consignas del titular del Tribunal Superior de Justicia, Saturnino Agüero, institución donde también trabajaba…Margarita María Guerra y Tejada. 

La talentosa publicación de sus desdichas laborales convenció a cientos de miles de incautos, quienes creyeron “por lógica” que Polo Uscanga estaba casi “sentenciado a muerte” por deslealtad a la política nacional, y una tarde lluviosa, se despidió por teléfono de su progenitora, le encargó a tres niños que le había regalado una pareja sentimental, le pidió que se comunicara con una secretaria de confianza, (quien tenía en su poder varias cartas póstumas), y que le diera su bendición, “porque iba a un viaje del que no sabía la fecha de retorno”. 

En seguida el exmagistrado, (quien se consideraba traicionado por Margarita Guerra y Tejada, al declarar ella que “Saturnino Agüero nunca pronunció consigna alguna”, aunque sabía que las consignas las recibían de Roberto Cerón, secretario particular del alto funcionario), subió a su polvosa oficina, se despojó de su saco, lo acomodó en un mueble, sacó su revólver Taurus, calibre .38 y se dio un tiro en la cabeza. El arma quedó muy cerca del cuerpo de Polo Uscanga. 

En la oficina polvosa no había más huellas de calzado que las de Polo Uscanga al arribar. ¿Quién pudo matarlo sin dejar otras huellas en el polvoso sitio? Hay fotografías periciales que demuestran lo anterior. Nadie más estaba en la oficina a la hora del disparo mortal realizado por el exmagistrado. 

La bala que le arrebató la vida salió precisamente del revólver Taurus, adquirido por Polo Uscanga, “para su protección”, en el mercado de Tepito.  

Hasta un aprendiz de criminalista se habría dado cuenta que se trataba de un suicidio, una muerte de las llamadas “voluntarias” aunque, en el caso de Polo, no lo fue tanto porque estaba endeudado de manera escandalosa y sólo el dinero que pagaron algunas aseguradoras pudo librar hasta las hipotecas que se vencían contra la familia del ahora occiso. 

Ese dinero quizá no hubiera llegado a los inocentes familiares de Polo Uscanga, de no ser porque Margarita María Guerra y Tejada insistió en que aquello “había sido un brutal asesinato”. Parecía obvio que las aseguradoras no iban a regalar su dinero a la familia de un suicida. Pero esas especulaciones quedan como siempre a consideración de nuestros respetables lectores. 

Habrá que imaginarse la inconformidad de mucha gente, en especial de la que Carlos Marín calificó de “vividora y carroñera”, el viernes 21 de julio de 2002, como puede confirmarse en alguna hemeroteca.  

Nadie pudo imaginar probablemente que con el caso de Digna Ochoa, la abogada Guerra y Tejada pudo consagrarse, (sin lograrlo por el ataque de los escépticos), como gran líder de investigadores y, en cambio, fue blanco directo de los medios de información, quienes aprobaban o satanizaban cualquier dato oficial, según lo estimaran conveniente. 

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