Urge democratizar a la UNAM
Urbano Herrera
El anuncio de un aumento salarial del 4 por ciento a los docentes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) no solo es un insulto a labor académica que desempeñan, sino que deja al descubierto la desigualdad, antidemocracia que vive la Máxima Casa de Estudios y a una ‘Burocracia Dorada’ dentro de la Cuarta Transformación (4T).
Mientras un docente de asignatura gana menos de 200 pesos por cada hora de clase que imparte, los salarios de las autoridades y la burocracia universitaria se encuentra entre 90 mil y 130 mil pesos mensuales y en el caso del titular de la rectoría es cercano a los 187 mil pesos.
Además, casos como el de Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, directora de la Facultad de Medicina y, su secretaria general, Gabriela Borrayo Sánchez, utilizan esta instancia para dobletear su pensión, ya que ambas son jubiladas por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Del mismo modo, Sepúlveda Vildósola busca fervientemente la rectoría de la institución.
Las condiciones de los profesores de escuelas y facultades de la UNAM no solo son precarias salarialmente, sino que en algunos casos ni siquiera cuentan con la seguridad de sus «horas». Tal es el caso de los profesores de asignaturas optativas de la Facultad de Medicina, quienes son depuestos a antojo de las autoridades de dicha escuela, ya sea por capricho o vendetas políticas, sin tomar en cuenta la importancia de temáticas para la formación de los estudiantes.
El acoso laboral es una constante. Solo quienes obedecen prácticas antidemocráticas, fuera de actividades y tiempos de trabajo o por medio de apoyos, favores o compadrazgos, así como relaciones sentimentales logran permanencia laboral o los salarios de la Casta dorada.
Los académicos y trabajadores que no se suman a sus tropelías son sancionados, congelados, les disminuyen su categoría o son despedidos de manera injustificada. Ejemplos en la Facultad de Medicina sobran, así como en toda la universidad.
Las opiniones de los docentes en las modificaciones de planes y programas de estudio no son tomadas en cuenta y cuando se ha hecho solo es para legitimar proceso y prácticas corruptas.
Este es el reclamo que hizo la Asociación Autónoma del Personal Académico de la UNAM (AAPAUNAM) de la sección de la Facultad de Medicina, el pliego petitorio del 18 de septiembre de 2025, dónde se le pide a la directora de la Facultad de Medicina que esclarezca la razón por la que ella tomó, de manera arbitraria, la decisión de no poner en marcha la modificación del Plan de Estudios Eppens 2024, aun cuando tuvo una alta participación de docentes y el cuál fue aprobado por las instancias correspondientes de la UNAM.
Sin tomar en cuenta realmente a los docentes, la directora de la Facultad de Medicina impulsa un nuevo plan de estudios, aun cuando existe uno aprobado, sólo por vanidad y autoritarismo.
El documento del AAPAUNAM menciona: “iv) Con relación a las reuniones convocadas en algunos Departamentos Académicos, como lo fue en el de Salud Pública, no fue considerado todo el personal académico y las convocatorias de trabajo fueron apresuradas coincidiendo con la percepción de imposición. Además, se han trabajado los cambios temáticos sin conocer el panorama completo de la nueva propuesta de Plan.
vi) Existe un desconocimiento global y preocupación de cómo quedarán las contrataciones, sobre todo de Profesores de Asignatura Ordinarios.
ix) Con respecto al Plan Eppens, que se trabajó colegiadamente, se debe dar una respuesta del porqué no pasó, y no se terminó de aprobar. […]”
Asimismo, denuncia en las conclusiones:
“2. La socialización para escuchar y evaluar las propuestas de los PROFESORES no ha sido suficiente ni mucho menos inclusiva. Se percibe que sólo se usa a la comunidad de profesores y alumnos que ha sido invitada a las reuniones sobre el plan de estudios para legitimar una decisión ya tomada e inamovible. Establecidas ya las fechas de su aprobación e implementación.”
Tal pareciera que existen dos universidades en la Máxima Casa de Estudios: una la de los docentes precarizados y sometidos a la arbitrariedad de las autoridades y, otra, la de un grupo de amigos que se reparten el botín en la rectoría, la junta de gobierno y las direcciones de escuelas y facultades. Los primeros forman a los estudiantes y futuros profesionales. Los segundos se enriquecen y reparten parasitaria mente los cargos.
No es como menciona el rector, Leonardo Lomelí Vanegas, una serie de ataques a la Universidad, sino la necesidad de democratizar una institución que ha formado los cuadros más democráticos del país, siendo una institución medieval repartida entre unos cuantos.
La democratización de la UNAM es urgente y es una demanda histórica, tanto de docentes como de alumnos. Terminar con la corrupción, el amiguismo, el compadrazgo son prácticas que favorecen la democracia y, seguramente, permitirá que los docentes obtengan un salario más justo y digno. ¿Hasta cuándo la Universidad Nacional Autónoma de México responderá a intereses mezquinos y de grupúsculos en lugar de a la comunidad universitaria, al pueblo y a la nación?
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