Por Daniel Lee / Corresponsal Nacional
El Mundial de Futbol 2026 aún no arranca y ya impone precios de escándalo. Los boletos para la gran final, que se disputará en el MetLife Stadium de Nueva York, ya alcanzan cifras nunca vistas en la historia del torneo: hasta 230 mil dólares por una sola entrada. Una locura que ha encendido la indignación global y reabierto el debate sobre quién puede —y quién no— acceder al espectáculo deportivo más popular del planeta.
Las cifras salen a la luz gracias a un reporte de Associated Press, que revela cómo estos montos se ofrecen dentro de la plataforma oficial de reventa de la FIFA. Aunque el organismo insiste en que no fija directamente los precios, el hecho de que estas operaciones se realicen bajo su propio sistema ha puesto a la FIFA en el centro de la polémica internacional.
La reventa: el nuevo negocio dorado de la FIFA
El mecanismo es simple y altamente rentable. La reventa oficial permite a los compradores originales revender sus boletos sin un tope máximo de precio. En cada transacción, la FIFA cobra una comisión cercana al 30 por ciento, repartida entre vendedor y comprador.
Traducido en números: si un boleto para la final se vende en 230 mil dólares, la FIFA se embolsa alrededor de 69 mil dólares solo por “facilitar” la operación. Una doble ganancia: primero en la venta original y luego en el mercado secundario. El fútbol como negocio… y el aficionado como espectador lejano.
Este esquema no solo legitima la especulación, sino que abre la puerta a nuevos aumentos conforme se acerque el partido decisivo. Basta recordar que, en el anuncio inicial, la FIFA había fijado un precio máximo de 8 mil 680 dólares para las entradas más exclusivas. Hoy, esa cifra parece una broma de mal gusto.
Del control en Qatar al libre mercado salvaje
El contraste con Qatar 2022 es brutal. En aquel Mundial, la FIFA impuso límites estrictos: la reventa no podía disparar los precios y la comisión apenas rondaba el 5 por ciento. Para 2026, esas restricciones desaparecieron.
La justificación oficial apunta a las leyes y prácticas comerciales de Norteamérica, donde la reventa es legal y común. En otras palabras: el mercado manda, incluso si eso significa expulsar al aficionado promedio del estadio.
Precios dinámicos, furia en las gradas
El Mundial 2026 también marcará un precedente al convertirse en el primero con precios dinámicos, un sistema que ajusta costos según la demanda, al estilo de conciertos y espectáculos masivos. El resultado: aumentos constantes incluso en la venta directa.
Desde el Foro Económico Mundial en Davos, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió la estrategia asegurando que la reventa es legal en Estados Unidos y que los 104 partidos del torneo se agotarán. Pero la respuesta no se hizo esperar.
Organizaciones como Football Supporters Europe calificaron la política como una “traición monumental”, al considerar que el Mundial se transforma en un evento de élite, inaccesible para millones de seguidores que históricamente han dado vida a las gradas.
Aunque la FIFA presume boletos desde 60 dólares para aficionados leales, estos representan menos del 2 por ciento del total. Mientras tanto, el reloj avanza rumbo a 2026 y los precios siguen subiendo, dejando claro un mensaje incómodo: el Mundial ya no es para todos.
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